De gala y en primavera: Artajona
 
Ángel M. Andueza Martinena
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La inminente inauguración, mañana domingo 29, de la iglesia de San Saturnino de Artajona con el remozamiento del interior del Cerco constituye para el sueño del Reyno, posiblemente, el hito más importante de los últimos siglos. La villa que se les cruzara en tantas ocasiones a los Beaumont -condes de Lerín- así lo va a vivir. Este acontecimiento es de tal magnitud que algunos de nuestros mayores ya habían abandonado cualquier esperanza de poderlo conocer, habida cuenta las vivencias tan poco esperanzadoras que iban cosechando. Pero en algún momento de nuestra historia contemporánea algo cambió y el giro que experimentó fue de tal calado que ahora podemos disfrutar de sus primeros frutos.

Aquellas ideas desalentadoras sobre el rosetón de la iglesia fortaleza, aquel desconfiar sobre el regreso del retablo renacentista, aquella incertidumbre sobre el paradero de los bienes muebles que durante tantos siglos han cubierto los muros de la iglesia gótica, y otros tantos miedos, de momento, nos van a abrir el portal de la esperanza y de la alegría. Mi pueblo se lo merecía, nuestros mayores, sobre todo.

Porque esta fecha va a quedar grabada en los anales de la Historia sólo se me ocurre felicitar a quienes han hecho posible toda esta transformación: las prospecciones, los estudios arqueológicos, la pavimentación de la mitad del recinto, una iglesia renovada, el acondicionamiento en general, el aparcamiento, la casa del turista o el alzado del donjón.

Todo esto invita a soñar a los que teníamos fe y confiábamos, a los que seguimos esperando y siempre tenemos la mirada más adelante.

A quienes lo han hecho posible, gracias. Hoy toca brindar. Por fin la corona de la acrópolis de Artajona se regodea en un estambre de gloria.